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El covid lidera las urnas y la política a nivel mundial

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Escrito por Ray Cazorla
Este 2020 ha habido llamados a las urnas en todo el planeta: para cambiar la Constitución en Chile; para elegir legisladores en Venezuela; para votar al próximo ocupante de la Casa Blanca; para, después de un año de gobierno interino, por fin tener un presidente en Bolivia. En 2020 el covid ha sido el otro actor protagonista.
Antes de la pandemia, el populismo era un tema clave en las elecciones: ¿qué impacto ha tenido la crisis del coronavirus en los políticos que prometían cambios radicales ante la indignación popular?

Llegó la pandemia del covid

Cuando la pandemia de coronavirus llegó en medio del quinto año del auge mundial del populismo de derecha había, en general, dos resultados previsibles. Los votantes culparían a los políticos e instituciones de la clase dominante “de quienes ya desconfiaban” eligiendo a más populistas recién llegados que canalizan la indignación popular y prometen un cambio radical. O, escarmentados y serenos, los votantes volverían al centrismo tecnocrático contra el que se han rebelado en los últimos años.
Sin embargo, al menos hasta ahora, ese segundo escenario parece estar convirtiéndose en realidad. En toda Europa y América, las dos regiones más afectadas, los votantes están avanzando poco a poco. En algunos casos a toda velocidad al tan denostado centrismo del poder establecido. Esa tendencia nos dice mucho sobre la era populista y su futuro, tanto durante la pandemia como después de ella.
La pandemia no es un gran ecualizador, por supuesto, está ampliando las divisiones sociales, raciales y económicas. En algunos casos drásticamente. Sin embargo, esa desigualdad perjudica sobre todo a las minorías y a las comunidades más pobres; más que a los blancos de clase media y trabajadora que han impulsado la reacción populista.

Datos

Por tener algunos datos en cuenta: según John Hopkins la cifra global de casos de coronavirus supera ya los 40,4 millones y los fallecidos por esta enfermedad son más de 1,1 millones. El virus se ha extendido a casi todos los países del mundo.
Estados Unidos, India y Brasil son, de lejos, los países más afectados en términos de casos totales y fallecimientos. En India se superan ya los 7,5 millones de contagios y las 115.100 muertes, mientras que Brasil, con más de 5,2 millones de personas contagiadas, acumula ya más de 154.100 decesos por la COVID-19. Argentina (que supera ya el millón de infectados), Colombia, Perú y México son los otros países latinoamericanos más golpeados por la pandemia.
La enfermedad también se ha recrudecido en las últimas semanas en el continente europeo y ya son varios los países que están imponiendo nuevas restricciones. Rusia alcanza los 1,4 millones de casos, mientras que España está a punto de alcanzar el millón, siendo el país de la Unión Europea más afectados por la pandemia.

Desigualdad

Esto no acaba aquí, hay otros datos que merecen ser contados pues nos sitúan en una realidad acuciante. Según Naciones Unidas y Banco Mundial la desigualdad que manifiesta el planeta en el día de hoy, nos lleva a retroceder el trabajo realizado en las últimas década.
En un mundo caracterizado por un nivel sin precedentes de desarrollo económico, medios tecnológicos y recursos financieros, es un escándalo moral que millones de personas vivan en la extrema pobreza. Por ese motivo, debemos dejar de pensar que este problema es exclusivamente una falta de ingresos. Se trata de un fenómeno multidimensional que comprende, además, la falta de las capacidades básicas para vivir con dignidad.
Se prevé que la pobreza extrema mundial aumentará por primera vez en más de 20 años en 2020 como resultado de las perturbaciones ocasionadas por la pandemia de COVID-19 (coronavirus) y agravadas por las fuerzas de los conflictos y el cambio climático, que ya estaban desacelerando los avances en la reducción de la pobreza.
La tasa de pobreza extrema mundial disminuyó del 10,1 % en 2015 al 9,2 % en 2017, lo que equivale a 689 millones de personas que vivían con menos de USD 1,90 al día. En 2017, en las líneas de pobreza más altas, el 24,1 % del mundo vivía con menos de USD 3,20 al día y el 43,6 % con menos de USD 5,50.

Pronósticos

A pesar de todo, muchas de las personas que apenas habían escapado de la pobreza extrema podrían recaer en ella como consecuencia de la convergencia de la pandemia de COVID-19, los conflictos y el cambio climático. Según un “pronóstico inmediato” (estimación preliminar) sobre 2020 en el que se incorporan los efectos de la pandemia de COVID-19, se calcula que esta empujará a entre 88 millones y 115 millones más de personas a la pobreza extrema, con lo que el total se situará entre 703 millones y 729 millones.
Según estimaciones de nuevos estudios, el cambio climático llevará a la pobreza a entre 68 millones y 135 millones de personas para 2030. El cambio climático es una amenaza grave y específica para los países de África al sur del Sahara y Asia meridional, las regiones donde se concentra la mayor parte de la población pobre. En varios países, una gran parte de los pobres vive en zonas afectadas por conflictos y con un elevado grado de exposición a las inundaciones como, por ejemplo, Nepal, Camerún, Liberia y la República Centroafricana.
La amenaza más reciente e inmediata para la reducción de la pobreza, la pandemia de COVID-19 (coronavirus), ha desencadenado un desastre económico mundial cuya onda expansiva sigue propagándose. Sin una respuesta mundial adecuada, los efectos acumulativos de la pandemia y sus repercusiones económicas, de los conflictos armados y del cambio climático se cobrarán un alto costo humano y económico hasta bien avanzado el futuro.
Las últimas investigaciones sugieren que, casi con toda seguridad, los efectos de la actual crisis se harán sentir en la mayoría de los países hasta 2030. En estas condiciones, el objetivo de reducir la tasa absoluta mundial de pobreza a menos del 3 % para 2030 —que ya se encontraba comprometido antes de la crisis— es ahora inalcanzable si no se adoptan medidas políticas rápidas, significativas y sustanciales.
La historia demuestra que actuar sin dilación y de forma colectiva puede ayudar a enfrentar esta crisis, no sólo pandémica sino la mayor crisis de liderazgo del mundo moderno.

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