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La Ética en la Política española. ¿Son compatibles?

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Escrito por Gonzalo Sichar Moreno

Cuando me proponen escribir un artículo sobre Ética y Política la primera tentación que tengo es la de entregar un folio en blanco. Los informativos y en general los medios de comunicación están repletos de casos de corrupción de políticos; de incumplimientos de incompatibilidades; de motivos para dimitir sin que se materialicen tales dimisiones… que uno acaba preguntándose si la Ética puede de alguna manera abrazarse a la Política.

Hace catorce años se cernía cierta esperanza de cambio. En las elecciones catalanas se abría paso un minúsculo partido que se atrevía a enfrentarse al nacionalismo dominante (todavía no mayoritariamente independentista). Dos años después otro pequeño soplo de aire fresco entraba en el Congreso de los diputados con otro minúsculo partido que quería regenerar la democracia.

¿Se puede emprender y hacer negocios en esta ciénaga de corrupción? 

El 15 de mayo de 2011 un movimiento heterogéneo de gente que protestaba hacía temblar los cimientos de una democracia asentada en una partitocracia ya decadente por entonces. El ‘hoy por mí, mañana por ti’ con la que se tapaban los dos grandes partidos sus asuntos turbios se respondía en la calle con pancartas como «no hay pan para tanto chorizo».

2015: Y llegó el cambio

En 2014 dos nuevos partidos entran con fuerza en la política española y dejan —en las generales de 2015— la suma del PSOE y PP en solo la mitad de los votos (lejísimos del 70% precedente). Por si fuera poco, en 2018 Vox entra contra todo pronóstico en el Parlamento andaluz —y lo hace nada más y nada menos que con 12 diputados y casi un 11%—. Al año siguiente se consolida como tercera fuerza nacional.

Podemos decir que en el Congreso de los diputados tenemos tres nuevos partidos que bien podrían enarbolar una regeneración política; desde diferentes posiciones ideológicas, pues la ética es transversal y se puede tener desde posturas muy distintas. Aunque en la clase política actual por desgracia pasa al contrario: se carece de ética desde todas las posiciones políticas, desde los partidos viejos y desde los nuevos partidos ya envejecidos.

Ciudadanos

Ciudadanos gastó 150.000 euros en indemnizar a una antigua responsable de prensa. Nada más y nada menos que 10.000 cuotas de afiliados fueron a parar en indemnizar a esta persona y su responsable de finanzas no dio explicaciones, aunque quien esto escribe se las pidiera públicamente en la famosa Asamblea de 2017 en la que el partido decidió dejar de ser socialdemócrata. Al menos en Andalucía —que lo conozco y sufro de cerca— no solo no han reducido el número de cargos de confianza sino que los han aumentado. Y su verborrea sobre la meritocracia se queda en vacías palabras. Como se dice en esta tierra, ‘hay un chorro de colocados sin ninguna preparación’, en muchos casos su único mérito es ser familiar de… Su papel fiscalizador del PP en las instituciones en donde cogobierna se ha anulado mediante el regalo de más asesores. Y como es dinero público, al PP eso le sale gratis (otro ejemplo de falta de ética).

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Podemos

Podemos viene demostrando desde que entró en las instituciones que también son amantes de los sillones, y que lo de donar el dinero sobrante de tres salarios mínimos interprofesionales brutos quedaba solo para los puestos menores pero que Pablo Iglesias, Irene Montero… quedan exentos de ello. Que lo de vivir en barrios populares también es del pasado, que la contratación irregular de personal por parte de Echenique no le obliga a dimitir, que se puede echar a una diputada de su grupo político aprovechando su baja maternal, que se quedan tan panchos de asumir que lo del acoso sexual del abogado Calvente era pura invención —no se puede ser más ruin con las causas feministas que con estos dos últimos casos que menciono—…

¿Nueva política? ¿Nueva ética?

Así que los dos partidos que abanderaban la regeneración política se han colocado a niveles de incumplimiento ético similares a los viejos PSOE, PP, CiU, IU, ERC, PNV…

Sócrates, que era muy bien pensado, decía que no había personas malas sino equivocadas y que, por tanto, la maldad era parte de un error. Su discípulo Platón perfeccionó esta idea señalando que el error al que se refería su maestro tenía un doble origen: por una alteración de la mente, y debido a la mala educación, es decir, a la adquisición de malos hábitos. Muy interesante el tratamiento recomendado por Platón para someter a ese error: mediante la intolerancia y su corrección.

La gestión ética de los datos en un mundo digital

Lamentablemente nuestra sociedad ha sido hasta recientes fechas —podríamos poner el 15-M de 2011 como un punto de inflexión— muy permisiva con la corrupción. Es más, el partido en el poder más corrompido era el que solía ganar las elecciones (Cataluña, Valencia, Madrid, Andalucía…).

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Permisividad ante la corrupción

Un sencillo ejemplo de esta permisividad. Todos reconocemos en fotos al Bigotes, Bárcenas, Rato, Álvarez Cascos… No en vano el PP ha defraudado 250 millones en la Operación Púnica, 120 en el Caso Gürtel, y 30,7 en el Caso Bárcenas, 400,7 en total. ¿Pero quién podría poner caras a los responsables del PSOE que han defraudado 2.000 millones en el Caso de los Cursos de Formación y 1.200 en el de los ERE de Andalucía, que suman 3.200? ¿O sabemos quiénes son los responsables de los 1.800 millones del Caso Pujol en CiU o de los 35,1 en el Caso Palau (CDC)? ¿Podemos decir algún nombre relacionado con el 3% catalán? Es más, ¿estamos seguros de que el 3% catalán no se trata en realidad de un porcentaje superior?

En este nuevo clima de una sociedad más dura contra la corrupción, se presentó una moción de censura aparentemente fundamentada en principios éticos. Pedro Sánchez acusó a Mariano Rajoy de ser el máximo responsable político de la corrupción en este país y le exigió que presentase su dimisión para que «no arrastre a España en su caída». Por entonces también Pablo Iglesias azotaba a Rajoy por las cuentas del PP: «Sólo un incompetente podría no saber lo que ocurría en su partido».

Ya ha habido una sentencia firme sobre los ERE en Andalucía que ha condenado a dos ex presidentes del PSOE y de la Junta de Andalucía. ¿Dimitirá el máximo responsable del PSOE y presidente del Gobierno para no arrastrar a España en su caída?

También un juez ratificó la imputación de Podemos por financiación ilegal y delito electoral tras la ‘distracción’ de más de 300.000 €. ¿Será Iglesias tan incompetente como para no saber lo que ocurría en su partido?

¿Es compatible la política con la ética?

Llegados a este punto, volvemos a plantearnos nuestra premisa inicial, si es imposible ese abrazo entre Ética y Política. Pero sí se puede. El ser humano no es antiético por naturaleza. De hecho, si la mayoría de la humanidad no tuviera escrúpulos éticos tendríamos una sociedad mucho peor que la que tenemos. Gracias a la exigencia ética de la sociedad es que la implementación de la Responsabilidad Social de las Organizaciones se está convirtiendo en una obligación empresarial e institucional.

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¿Por qué entonces en Política escasea tanto la Ética? Porque el sistema partitocrático se asienta en pelotear al jefe, en carecer de debates internos, en definitiva, en no moverse de la foto. Esto produce degradación del talento y expulsión de las raras excepciones que pueden aportar ese talento —ejemplos recientes son la defenestración de Cayetana Álvarez de Toledo en el PP o la salida por la puerta de atrás de Marcos de Quinto y Xavier Pericay de Ciudadanos—.

Si el que los cargos electos repitan en listas depende de un reducido número de personas —a veces de una sola— que confecciona las listas y estos seleccionadores prefieren elegir a compañeros que nos les hagan sombra, el resultado es un proceso vicioso que degrada la preparación de quienes van a dirigir el país. Por eso es necesaria una reforma de la ley electoral, pero como los legisladores son los agraciados de este sistema viciado, llegar a conseguirla va a ser una tarea muy difícil que solo se logrará mediante un abrumador apoyo ciudadano. Algo así como un nuevo 15-M, pero a ver si esta vez no se corrompe el movimiento. Y en eso estamos un grupo de ciudadanos, que ya hemos recabado el apoyo de numerosos intelectuales a través de www.otraleyelectoral.es

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