Descubriendo la farsa de las startups

Han pasado ya un par de semanas desde que viera la luz “La farsa de las startups”, y de que ocupara algunos espacios de discusión en los corrillos tecnológicos, sobre todo a colación del artículo que me dedicaron en El Confidencial. Tiempo suficiente para poder conversar con lectores del ensayo y poder abrir el debate en los medios de comunicación (pude conversar en Onda Madrid, Canal Sur o Attac Radio, entre otros medios). Tiempo, más que de sobra, para hablar en Linkedin con muchos profesionales que formaron parte de alguna startup y que han querido transmitirme sus impresiones.

La farsa de las startups

La farsa de las startups

La frase más repetida estos días en el debate postpublicación del libro es: Este es un debate necesario.

Y me refiero al debate en torno al paradigma que hemos montado entre todos los actores alrededor del ecosistema startup. La idea de que cualquier joven emprendedor, tocando las teclas adecuadas, puedes emprender y acabar liderando una empresa tecnológica de éxito al modo de Mark Zuckerberg, Elon Musk o Steve Jobs. La imagen repetida en los medios, de diferentes CEOs estrechando la mano a inversores tras una ronda de financiación exitosa, ha convertido lo que es una excepción en una aspiración normativa.

Entre los medios de comunicación que, de forma paternalista, construyen la épica del emprendimiento y el fracaso, los gobiernos y entidades de crédito buscando una buena campaña de branding, inversores y Venture capital buscando la mejor idea de negocio y las grandes tecnológicas abasteciendo el relato para obtener una cantera gratuita, se ha fortalecido este gran teatro. Todas las aspiraciones son legítimas, pero pueden servir de trampa letal para incautos recién llegados a un ecosistema que devora nueve de cada diez proyectos emergentes.

La cara b de las startups

Tras esa imagen icónica se esconde una cara b que merece la pena descubrir y someter a debate: La idea primigenia de “forrarse”, la falta de diversidad a la hora de repartir la financiación, la necesidad de compartir un perfil emprendedor muy determinado para acceder a la misma, la dificultad de encontrar incubadoras y aceleradoras que den un verdadero valor añadido, la falta de filtros en las ayudas estatales a la hora de apostar por startups que procuren un beneficio comunitario, la precariedad laboral, la necesidad de más y mejor formación, la misma concepción del éxito y el fracaso dentro de este mundo… no pocos asuntos que tenemos en el “debe” del ecosistema startup. A menudo, la idea de escalabilidad trae consigo una urgencia irresponsable en torno a las condiciones laborales.

Me decían en un debate radiofónico recientemente que no se trataba de dividir el mundo en “blancos” y “negros”, que en la mayoría de casos, la escala de grises define mejor cualquier ecosistema. Estoy de acuerdo. No hay que confundir que se haya generado una farsa en torno a las startups con que todas las startups sean una farsa. Existe en el mundo startup una gran cantidad de emprendedores bienintencionados, profesionales en búsqueda de relaciones sólidas y beneficiosas para todas las partes e impulsores de iniciativas que, al mismo tiempo que pretenden impulsar la economía, generan innovación y beneficio social. Eso no lo pongo en cuestión, yo mismo he trabajado para proyectos que merecían la pena.

No hay que confundir que se haya generado una farsa en torno a las startups con que todas las startups sean una farsa @lavozdelsures Clic para tuitear

Lo que cuestiono son algunos pilares casi fundacionales del ecosistema, creencias totémicas de las que se habla día sí y día también en las redes sociales, y que, probablemente sin quererlo, emparentan la innovación a la cultura del pelotazo y del enriquecimiento relámpago. La idea de un exit como fin del emprendimiento me parece pernicioso para el sector, pues individualiza las ganancias y descarga la responsabilidad de sostenibilidad a los que vienen detrás. Decía Cristhian Felber en una entrevista reciente en El País, “Si el dinero se convierte en el fin, por definición no es economía sino crematística: el arte de enriquecerse.”

Emprendimiento responsable

El dinero por el dinero no puede ser el eje fundamental sobre el que edificar la economía tecnológica. No es una idea sostenible ni constructiva. Por ello, vengo a proponer una impugnación a la totalidad de ese relato que circula en el imaginario colectivo, y establecer un nuevo discurso en torno al emprendimiento startup mucho más realista, concienzudo, responsable y equilibrado. Ya hay muchas voces que abogan por reorientar esta proyección pública del emprendimiento startup. Por el contrario, otras aseguran que cambiar el modelo es incompatible con la misma palabra startup, pese a que su concepción primigenia se alejaba de las rondas y la salida a bolsa, siendo tan solo ocho ingenieros a la deriva hartos de la personalidad de su jefe. Pues bien, ¿por qué no redefinir el concepto de startup y adecuarlo a un emprendimiento responsable?

Sobre el autor

Javier López Menacho

Javier es escritor y especialista en comunicación y reputación digital. Ha trabajado como social media manager, community manager y creador de contenidos, ejerciendo tanto de freelance como formando parte del equipo humano de diferentes compañías relacionadas con el entorno digital. Es autor del libro de crónicas "Yo, precario" (Libros del lince, 2013), del conjunto de relatos "Hijos del sur" (Tierra de nadie, 2016) y del libro divulgativo "SOS, 25 casos para superar una crisis de reputación digital" (Editorial UOC, 2018). Ha colaborado en medios de comunicación como La Marea, CTXT, Secretolivo, Qué leer, Lavozdelsur.es y en otros relacionados con las nuevas tecnologías como Marketing4eCommerce, Revista Byte TI o Beers&Politics.

3 Comentarios

  1. Mariano

    Gracias por el artículo Javier, hacía tiempo que no leía algo con tanto criterio y con el que estoy de acuerdo al 100%. Gracias

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    • Jesus A. Lacoste

      Gracias por tu aportación Mariano. Como sabes, compartimos experiencia y puntos de vista sobre el digital business 😉

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  2. Fernando weyler

    Es una pena que algo tan necesario para nuestro país como es la emprenduría no se trate con el rigor que se merece. Totalmente de acuerdo con el artículo.

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