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Por qué no nos gustan los robots con apariencia humana: el valle inquietante

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Escrito por Jesus A. Lacoste

Los robots poco a poco están pasando a formar parte de nuestra vida cotidiana. Los hay de todo tipo: desde simples (o complejos) automatismo hasta avanzadas máquinas de inteligencia artificial capaces de comportarse casi como una persona. Tarde o temprano tendremos que ir acostumbrándonos a su presencia entre nosotros.

Unos robots nos hacen la vida más fácil, otros simplemente más cómoda. Isaac Asimov, el padre de la robótica moderna, tal vez se asombraría de los avances a los que hemos llegado actualmente. Pero nuestra relación con los robots humanoides no es sencilla. A veces incluso es muy contradictoria.

Los robots y el miedo inquietante

El científico japonés Masahiro Mori definió en 1970 la extraña relación que mantenemos con los robots y autómatas. Lo ha descrito como «el valle inquietante» (Uncanny Valley). A grandes rasgos, viene a decir que la afinidad de las personas con los robots va creciendo a medida que estos parecen cada vez más reales.

Sin embargo, cuando llegan a cierto nivel de semejanza, la respuesta emocional positiva se convierte en negativa. Pasan de ser adorables autómatas a sobrecogedoras réplicas de seres vivos que en realidad no lo están. Cuando esto ocurre, se entraría en ese «valle» descrito por el investigador nipón.

Un robot claramente no-humano nos parece adorable, pero uno que simula demasiado un comportamiento humano sin ser perfecto, es perturbador. Mira el video ¿qué te parece? ¿qué te hace sentir?

La teoría se resume con una gráfica dividida en dos ejes:

  • el horizontal, representa el grado de familiaridad o empatía con la máquina;
  • y el vertical, indica el nivel de parecido con un humano.
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Las curvas que la cruzan varían si el robot se encuentra estático o en movimiento, ya que, según Mori, la animación tiene un factor aumentativo: incrementan la familiaridad, pero también la incomodidad cuando entran en este «valle inexplicable».

La teoría postula que esto nos genera tranquilidad sólo hasta que son demasiado parecidos, y ahí los sentimientos positivos se desvanecen. Sin embargo, si el objeto es efectivamente humano, esta sensación se invierte completamente para permitir relajación y confianza. Esta curva en la función es el “valle inquietante“, una pronunciada bajada que se acentúa aún más cuando un objeto está en movimiento.

grafica valle inquietante

Aunque la teoría de Mori intenta explicar las implicaciones psicológicas de la interacción con robots creados a imagen y semejanza de los humanos, esta no termina de aportar suficientes evidencias científicas.

Sophia es uno de los robots humanoides más famosos. Los medios de comunicación han hecho de este robot la imagen más visible de la robótica humanoide. Sophia ha sido diseñada por Hanson Robotics y tiene capacidades de adaptación y comprensión en base al comportamiento humano. Es ciudadana de Arabia Saudí y ha sido entrevistada en cientos de programas por todo el mundo.

Por qué tenemos miedo a los robots humanoides

La razón de esto es el miedo a lo desconocido que nuestros antepasados desarrollaron para garantizar su supervivencia. Este vestigio evolutivo es hoy casi una molestia, debido a que nos hace parecer que ciertos comportamientos en una máquina son forzados.

Entre las diversas teorías propuestas para explicar esta fobia estas son las más importantes:

1. El rechazo a lo diferente

La psicóloga Thalia Wheatley propone que los seres humanos tenemos la habilidad de identificar distorsiones entre nosotros y asociarlas con padecimientos tanto físicos como mentales. Por eso, nuestro rechazo ante algo que parece humano, pero que demuestra que no lo es, sería una forma de defensa natural dado que nuestro cerebro asocia las rarezas que percibimos en esa figura antropomorfa con ideas como la enfermedad y la muerte, lo cual ocasiona la aversión y el miedo.

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3. La violación de las normas humanas

Esta teoría se basa en que, si bien la identificación de la apariencia humana puede generar empatía, al notar las características no humanas del robot, como la falta de expresiones o los movimientos poco naturales, sentimos repulsión hacia la imitación de lo humano.

4. La explicación religiosa

En contextos altamente influidos por la religión, las figuras antropomorfas amenazan el concepto de humanidad y la idea del ser. Por lo tanto, el encuentro con el humanoide genera rechazo y temor.

5. El “especialismo”

El psiquiatra estadounidense Irvin Yalom, padre de la psicología existencialista, explica que creamos una serie de defensas psicológicas para frenar la ansiedad de saber que eventualmente moriremos. El especialismo es un mecanismo de defensa que nos hace creer que la muerte le ocurrirá a los demás, pero no a nosotros. Por eso, reconocer en el robot a un casi-humano que no envejece ni muere provoca angustia y dudas existenciales.

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