La vanidad del emprendedor

Ser emprendedor es una virtud y una alternativa a la época de crisis que afrontamos. Pero de tanto ensalzar y alabar la figura del emprendedor se cae en el riesgo de despertar el ego que todos llevamos dentro pudiendo este hecho afectar negativamente al negocio. El emprendedor suele tener una meta clara: crear una empresa de éxito, ganar mucho dinero, sacar la empresa a cotizar en la Bolsa, venderla a una gran empresa mundial,…. El problema es que esto choca directamente con la vanidad del propio emprendedor. Es legítimo que una persona que ha sido capaz de crear un imperio desde la nada pueda bañarse en su propia vanidad y regodearse con lo maravilloso que es pero si esto en vez de algo pasajero se convierte en un rasgo el negocio puede tener los días contados.

Vanidad del emprendedor

 © imagen  Andre Jolicoeur

Vanidad, emprendedor y startup

Cuando una persona tiene éxito y nota que es admirado por otros; que sus colegas le envidian; los medios de comunicación le llaman para entrevistas, reportajes o programas de TV; la cuenta de resultados aumenta de forma positiva sin parar…. se corre el riesgo de entrar en una espiral de ‘divismo‘ que transforma el espíritu creativo del emprendedor en el «gen egoísta» que sólo es capaz de mirar a su ombligo.

El emprendedor debe ser como Ulises y resistir esos cantos de sirenas para poder proseguir de forma exitosa el negocio iniciado. El famoseo, los reportajes, las entrevistas si son en una etapa temprana de lanzamiento del proyecto acaban convirtiendo al incipiente líder en un pequeño déspota engreído.

Para hacer triunfar la startup es preciso seguir trabajando duro y esforzarse cada minuto igual que el primer día. Sólo así llegarán los reconocimientos merecidos y realmente justos. Todo lo demás son espejismos. Pero cuando un joven con una idea brillante recibe financiación de un Business Angel y sale tres o cuatro veces en la prensa o es citado en un programa de TV ya se cree que es el guapo de la fiesta. Sin embargo es necesario comprender que, salvo casos excepcionales, ser el guapo en esa fiesta es prácticamente irrelevante.

Por otra parte, el interés por estar presente en todo tipo de actos, eventos, cursos o aparecer en libros y revistas sirve de poco si realmente no hay una figura sólida, una base de creencias, conocimiento y bagaje que justifique esa multipresencia. Más bien puede ser contraproducente pues puede poner en evidencia las carencias que todos arrastramos de forma más o menos digna.

Sentir la necesidad de estar y aparecer en todos los sitios tiene también un gran efecto negativo sobre la propia vida del emprendedor. Estar viajando constantemente de ciudad en ciudad para repetir de forma monotemática una conferencia o curso puede agradar al principio pero en unos meses el líder ilusionado se habrá convertido en un amargado y soso conferenciante. ¿Merece la pena tanto sacrificio por ganar más eco, ser más conocido y aumentar un poco la cuenta bancaria? En tiempos de crisis todo trabajo será poco pero precisamente el que hace todo esto no es por falta de trabajo sino más bien porque necesita alimentar su vanidad y recibir cada día su dosis de peloteo y (falsos) halagos.

La vanidad es un dulce que hay que tomar en dosis pequeñas porque de lo contrario puede empalagar y producir una mala digestión. El emprendedor debe mantener a raya la vanidad y controlar al máximo su ego. O lo que es lo mismo tener un Alter ego (como proponía Sigmund Freud) capaz de hacer frente de forma eficaz a la fiera que representa el «yo».

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Sobre el autor

Jesus A. Lacoste

Psicólogo. Coach Ejecutivo. Fundador y CEO de SoyDigital Network, empresa especializada Digital Business Solutions. Vice-President of Inspiring Committed Leaders Foundation (New York). Profesor MBA en la Universidad Europea de Canarias. Online desde 1996. Todo lo que hago es porque creo sinceramente que puede aportar valor a la vida o los negocios de otros.

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