La dama de hierro y… mi padre

El sábado pasado estuve viendo en el cine la película “La dama de hierro”, un soso drama magistralmente interpretado por Meryl Streep.

Nos cuenta de forma un poco plomiza el deterioro mental de la que fue primera ministra de UK, Margaret Thatcher. Ella, todopoderosa en otro tiempo y gran autorithas de occidente junto a Reagan es víctima de un proceso de demencia senil que le impide acabar sus días con la dignidad de cualquier persona. Mi padre, que sólo logró ser considerado en su pueblo y su visión del mundo terminaba en finisterre, también es víctima de un proceso similar. Miss Thatcher fue una brillante estudiante en Oxford, lideró el partido conservador británico y fue la cabeza visible de un gran imperio. Por contra, mi padre con formación académica limitada nunca estuvo al frente de ningún grupo humano, no era político y su imperio era el trabajo y la familia. Sin embargo, ahí están los dos luchando por reconocerse frente al espejo y hablando con sus creaciones mentales. Ella hija de un tendero y mi padre hijo de un maestro de escuela.

Los trastornos mentales asociados a la edad como la demencia senil o el Alzheimer son hoy día un grave problema que nos afecta a todos. Quién no conoce o tiene un familiar afectado por este tipo de dolencias? Socialmente convierte en inválidos a personas que antes habían sido lúcidos creadores. A nivel personal la enfermedad les arranca la dignidad y los extrae de su contexto llevándolos a un mundo indescifrable para los demás. La Thatcher creía ver a su marido (a pesar de que había fallecido hace tiempo) y hablaba con él. Mi padre no me reconoce y no sabe apenas que soy su hijo. Menos mal que yo sí sé quién es él y lo que ha sido para mi.

La vida sin vida, es menos vida

De momento ni la Neurología ni la Psicología/Psiquiatría han logrado dar con medicamentos eficaces que combatan exitosamente los estragos de estas enfermedades. Por ello, cuando aparecen sólo queda armarse de paciencia y amor. No hay una receta válida para todos los casos pero siempre es necesario prepararse para una larga etapa de trabajo 24 h al día. Son personas que dependen de los familiares para realizar cualquier tipo de tarea, ya sea básica o compleja, manipulativa o conceptual. Con el agravante de que difícilmente son conscientes de todo lo que los demás hacen por ellos y, en consecuencia, no expresan sentimientos de agradecimiento o simple reconocimiento. Su mundo emocional y cognitivo se han esfumado como la escarcha a mediodía.

Un reciente estudio realizado por unos científicos del Centro de Investigación en Epidemiología y Salud Pública de Francia y de la Universidad College de Londres ha concluido que el deterioro cognitivo empieza a los 45 años, que el cerebro empieza a envejecer a los 45. Así que amigo lector no perdamos el tiempo, cada vez la vida es más breve. Dejémonos de enfados inútiles, preocupémonos por cosas importantes y tratemos de ser felices cada día que nos despertamos. Hagamos felices también a los que nos rodean. Carpe diem decían los clásicos y en la película “El club de los poetas muertos“: vivamos el momento presente. El futuro no existe. Algo así también dicen las personas que han superado un cáncer y han visto el final muy cerca; tras la recuperación se vuelven más felices, viven el ser y no ambicionan metas utópicas.

Yo, que ya he pasado hace poco los 45, me tomo en serio todo esto y afronto de manera escéptica la vida. El cambio climático, los impuestos, la crisis, la educación de los jóvenes,…. me importan y hago lo que está en mi mano, en mi metro cuadrado como decía un profesor que tuve en COU, pero sin angustiarme porque…. no me gustaría acabar mis días como Margaret Thatcher o como mi padre.

Sobre el autor

Jesus A. Lacoste

Psicólogo. Fundador y CEO de SoyDigital Network, empresa especializada en IT & VoIP Business Solutions. Vice-President of Inspiring Committed Leaders Foundation (New York). Profesor MBA en la Universidad Europea de Canarias. Online desde 1996. Todo lo que hago es porque creo sinceramente que puede aportar valor a la vida o los negocios de otros.

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